Desenchufados… de momento
Un centro de datos en España puede alimentarse por su cuenta si la red no llega a tiempo, y en RENMAD Talks Datacenters Off-Grid nadie lo descartó. Lo jugoso vino después: la isla que mejor se financia es la que se construye con el billete de vuelta en el bolsillo

Construir un centro de datos lleva entre 12 y 18 meses; engancharlo a la red, entre cinco y siete años. Con esa asimetría en el programa arrancó el 13 de octubre, en la Torre PwC de Madrid, la segunda de las RENMAD Talks que ATA Insights organiza con PwC España, y nadie la desmintió en toda la mañana. La pregunta del cartel era si un centro de datos español puede vivir desenchufado. La respuesta, mesa a mesa, fue más matizada y bastante más útil: puede, y cada vez más lo hará, pero el negocio está en diseñar la isla para que algún día vuelva a ser península.
Mucho sol, poco enchufe
El primer panel, moderado por Andrea Renieblas, de ATA Insights, puso el problema sobre la mesa sin anestesia. José Luis Herrero, consejero delegado de Walhalla y miembro de la junta directiva de Spain DC, pidió que la regulación sea «quirúrgica y no hachazos» y describió así el efecto que, a su juicio, ha tenido el borrador de real decreto para centros de datos, todavía en tramitación: «en las mesas de decisión de los grandes inversores, España ha dejado de estar». Quien ya ha comprado terreno y tiene concedido el acceso a la red, recordó, se encuentra con seis meses para adaptarse a reglas nuevas.
Luis Bravo, analista principal sénior de Datacenter Hawk, aportó la comparación que más escuece. Hace dos o tres años, Madrid y Milán estaban igualados, en torno a 200 MW alquilados. Hoy Milán ronda los 900 MW y Madrid sigue en 200 o 250 MW.
Óscar Barrero, socio responsable de Energía y Utilities de PwC España, completó el diagnóstico con la paradoja española. El país lleva seis años a la cabeza de Europa en contratos de compraventa de energía a largo plazo (los PPA), acumula este año más de 600 horas de precios cero o negativos y desaprovecha en torno a un 6 % de su producción renovable, que se vierte porque no hay quien la consuma. Los centros de datos suponen hoy el 0,8 % de la demanda, frente a un 4 % en Alemania. Y aun así, explicó, el borrador les exigiría acreditar que el 80 % de su consumo de cada hora, todas las horas, es renovable. «Nos hemos puesto quizás la tirita antes de la herida», resumió.
Con tanto sol sobrante y tan poco cable disponible, Manuel González, responsable de Ignis Projects, dibujó la salida: dos o más megavatios de fotovoltaica u otras renovables por cada megavatio de centro de datos, con baterías de mucha capacidad, de modo que dos tercios de la energía lleguen del autoconsumo y se ahorren la parte variable de peajes y cargos. Si la energía está al lado y la red tarda años, lo sensato es enchufarse a la planta de al lado.
Islas de fábrica
El panel central, «El valle de los datos», que moderó Belén Gallego, consejera delegada de ATA Insights, le dio la vuelta a la pregunta. Christian Lipperheide, de PQC, una ingeniería con casi treinta años diseñando centros de datos, lo resumió así: «todos los data centers son en realidad offgrid. La red es la alternativa de energía barata». Un centro de datos, explicó, es «una fábrica con la calidad de aire que tiende hacia la de un hospital y la seguridad de una base militar», y se diseña para no depender de nada de fuera: grupos electrógenos, baterías y sistemas de alimentación ininterrumpida (SAI) siempre estuvieron ahí. Lo nuevo es que la red ha dejado de ser la vía rápida.
Lipperheide fue también el más cauto con el aislamiento total en España. Técnicamente se puede, vino a decir, pero hoy no hay ninguno: «Sí, existe, pero aquí no». La réplica llegó al instante y con una sonrisa: «hombre de poca fe. En unos meses te lo contamos».
Felipe Hernández, director de innovación de FRV, defendió el modelo híbrido: un 70 u 80 % de renovables, «incluso más», y gas como respaldo para los huecos que no cubren el sol y las baterías. Y desactivó la objeción climática con una cuenta sencilla: si en esas horas tiras de la red, esa energía también saldrá de un ciclo combinado. «No estás aumentando el consumo de gas, simplemente estás desplazando el punto de uso del gas».
Cuando la moderadora pidió una cifra (qué parte de la nueva potencia IT en España será aislada o híbrida en 2030), Antonio Henarejos, de Elecnor, dio un escenario «conservador» del 40 al 50 %; Carlos Olmeda, de Exera Energía, un 70 u 80 %, y Hernández, prácticamente toda. Lipperheide no se mojó: lo mismo es un 10 % que un 100 %. Y si buena parte de lo nuevo nacerá con su propia central, queda la pregunta que de verdad interesa: qué hacer el día que, por fin, llegue el cable.
Ni villano ni ermitaño
La respuesta que convirtió el debate en oportunidad la dio Olmeda, responsable de operación y mantenimiento de centros de datos de Exera Energía. Si demuestras a Red Eléctrica, el operador del sistema, que puedes funcionar en isla, dejas de ser el gran consumidor que estresa el nudo: puedes pedir una conexión mucho más pequeña, ofrecerte como demanda flexible y, más adelante, prestar con tu almacenamiento servicios de ajuste (los que usa el operador para cuadrar oferta y demanda) e inercia, el colchón que frena las caídas bruscas de frecuencia. El centro de datos pasaría así de estar demonizado a formar parte de la solución. En la misma conversación se recordó que la flexibilidad «no va a ser opcional»: países nórdicos como Finlandia ya tienen sobre la mesa exigírsela a los centros de datos.
El panel sobre el reto 24/7, moderado por Cédric Marie Bérard, cofundador de Ikenga, bajó la idea al hierro, y el hierro aquí son las baterías. Javier Prada, director de desarrollo de negocio de centros de datos de iQuord, situó en cuatro horas el estándar que los bancos están dispuestos a financiar: un centro de 100 MW necesita 400 MWh, unos 80 contenedores. Más allá de eso, compensa la generación firme. Luis Casero, responsable global de marketing de producto de Vertiv, explicó para qué sirven más allá del respaldo: un centro tradicional, ante una perturbación, se desconecta y tira de sus propias baterías, y a la escala actual soltar tanta carga de golpe desestabiliza el sistema («podemos acabar como acabamos en el gran apagón», advirtió, en referencia al del 28 de abril de 2025). El almacenamiento puede amortiguarlo. Casero también actualizó el lema del sector: «bring your own power and cooling», trae tu propia energía y también tu propia refrigeración, con el calor residual de la generación local convertido en frío por absorción.
Alfonso Lezcano, responsable de originación y suministro de electricidad de Galp, aportó la prueba de que la isla y la península no se excluyen: un autoconsumo de más de 400 MW que sigue conectado a la red precisamente para tenerla de respaldo sin construir un ciclo combinado. José Luis Gómez Pardo, consejero delegado de Nixval, recordó que no todos los centros de datos son campus de gigavatio. Para el colocation tradicional (el alquiler de espacio y potencia a terceros) que da servicio a pymes, las medidas del borrador son, en sus palabras, «pura fantasía».
Rubén Miralles, de LONGi, propuso en su ponencia tratar el centro de datos como una microrred con un único responsable de todo el sistema. Citó un análisis de BNP Paribas según el cual en torno al 20 % de la inversión de un centro de datos es infraestructura energética, un 20 % que acaba decidiendo el proyecto entero. Y dejó claro que la microrred no promete autonomía ilimitada «ni elimina la necesidad de tener una red».
Tres relojes, un solo riesgo
La última mesa, moderada por Carmen Izquierdo, consejera delegada de nTeaser, habló de dinero. Luis Fuente, director ejecutivo de Sustainability & Low Carbon Advisory de BBVA, lo condensó: «es un mercado de tiempo y no de precio». Un proyecto que no adelanta la llegada de la energía respecto a la red vale menos. En Estados Unidos, recordó, más de la mitad de la cartera ya tiene algún componente detrás del contador (behind the meter, generación junto al consumo que no pasa por la red) y en torno a un 10 % es completamente aislada.
Elliot Zounon, responsable de soluciones para centros de datos de CBRE en Iberia, describió tres relojes que no marcan la misma hora: las GPU duran de tres a cinco años, el edificio de 20 a 30 y los contratos de energía de 10 a 20. José María Otero, director de desarrollo corporativo de Edison Next, explicó por qué la isla lo complica todo. En un proyecto conectado, si falla el comprador de la energía, hay alternativas; en uno aislado, «el de las GPU no tiene alternativa si tú te caes», y el del inmueble tampoco. Son tres actores atados a la misma isla, con cheques de tamaños muy distintos (en su ejemplo, del orden de 6.000 millones de euros las GPU, 1.000 el inmueble y 1.500 la energía) y, si cada uno trae su banco, tres sindicatos bancarios que tendrán que sentarse a repartirse el riesgo. Ese mercado, admitió, aún no está maduro, aunque ya hay bancos trabajando en ello.
Por eso la respuesta de Otero en la ronda final fue la que mejor resumió la mañana: aislado a corto plazo y, a medio, «que se transforme a behind the meter, con una conexión».
Una isla con billete de vuelta
Para quien desarrolla, financia o suministra energía a un centro de datos en España, la generación propia ha pasado de plan B a la forma más rápida de llegar a tiempo. El proyecto que mejor se financiará será el que nazca aislado y pensado para conectarse, con baterías dimensionadas para prestar servicios al sistema y contratos que asuman que la GPU, el edificio y la planta viven a ritmos distintos.
La primera prueba a gran escala ya tiene dirección postal. En Monfarracinos (Zamora), Edison Next y FRV-X promueven un campus de 200 MW de potencia IT y unos 4.600 millones de euros que la Junta de Castilla y León tramita como Proyecto Regional, en información pública hasta el 23 de noviembre de 2026. Según la documentación recogida por la prensa regional, funcionaría en isla con un parque solar, baterías de litio y motores de respaldo de gas natural y gasóleo, y cubriría con renovables en torno al 70 % de su consumo anual: casi la receta que Hernández defendió en la sala.
España tiene sol, suelo y una energía renovable que en muchas horas se vierte por falta de demanda. Si la red no puede darle tiempo a la industria, la industria se lo fabricará, y se lo devolverá en flexibilidad el día que llegue el cable. Hasta entonces, desenchufados. De momento.
Ponentes de RENMAD Talks Datacenters Off-Grid, 13 de octubre de 2026, Torre PwC, Madrid, organizado por ATA Insights junto a PwC España: José Luis Herrero, Walhalla; Luis Bravo, Datacenter Hawk; Manuel González, Ignis; Óscar Barrero, PwC España; Christian Lipperheide, PQC; Carlos Olmeda, Exera Energía; Felipe Hernández, FRV; Antonio Henarejos, Elecnor; Javier Prada, iQuord; Alfonso Lezcano, Galp; Luis Casero, Vertiv; José Luis Gómez Pardo, Nixval; Rubén Miralles, LONGi; Luis Fuente, BBVA; Elliot Zounon, CBRE; José María Otero, Edison Next. Moderaron Andrea Renieblas y Belén Gallego, ATA Insights; Cédric Marie Bérard, Ikenga, y Carmen Izquierdo, nTeaser. La próxima RENMAD Talks: Autoconsumo Industrial y C&I, 10 de noviembre de 2026.
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Este artículo parte de RENMAD Talks Datacenters Off-Grid, 13 de octubre de 2026, Torre PwC, Madrid.
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