Digestato sin papeles: la crisis de identidad que decide el negocio del biometano
España quiere biometano, y lo quiere cuanto antes. Pero cada planta deja tras de sí una sustancia cuya condición jurídica la fija la ley, no la química, y de esa etiqueta dependen las cuentas del proyecto. Un deshielo normativo empieza a moverla del lado del residuo al del recurso.

El biometano español nunca ha tenido tanto viento político a favor. Un proyecto de real decreto, ahora en consulta, fijaría por primera vez cuotas obligatorias de gas renovable en la red, que arrancarían en el 0,5 % en 2028 y subirían hasta el 6 % a mediados de la década de 2030. El encargo a los promotores no deja lugar a dudas: construir, y deprisa.
Sin embargo, por cada metro cúbico de gas verde que llega a la red queda atrás algo que rara vez aparece en la presentación a inversores: el digestato, el efluente que queda cuando la digestión anaerobia ya ha exprimido el biogás. En un reciente webinar de RENMAD Biometano, tres especialistas volvieron una y otra vez a la misma idea incómoda: el gas es la parte fácil. Lo que decide si un proyecto vive o muere es qué haces con lo que sobra.
Manda la ley, no el laboratorio
El problema del digestato es que sufre una crisis de identidad. La misma tonelada de materia orgánica puede ser, según quién la tenga y para qué, un residuo del que deshacerse pagando, un subproducto que reutilizar o un fertilizante que se vende con certificado europeo.
Su condición «no depende de las características físicas y químicas de los materiales, sino de la voluntad o la obligación jurídica del poseedor», explicó Lorenzo Chacón, experto sénior en biometano de ATA Renewables. Dicho de otro modo, el digestato no es lo que es: es lo que la ley dice que es. Dos plantas idénticas, con la misma materia prima y el mismo proceso, pueden acabar con un producto jurídicamente distinto según dónde estén y quién gestione lo que sale de ellas.
Y la balanza suele inclinarse del lado malo. «En el 99 % de los casos», señaló Chacón, «una planta de producción de biogás va a ser una planta de gestión de residuos, en la que el digestato va a ser considerado un residuo». Para quitarse esa etiqueta y alcanzar el codiciado fin de la condición de residuo, un proyecto tiene que atravesar un laberinto de normas superpuestas que Chacón renunció a resumir por completo: «Más que para un webinar, esto daría para un máster específico».
La foto de partida lo dice todo. Según la European Biogas Association, la patronal europea del biogás, unas tres cuartas partes del digestato que se produce en Europa se esparcen directamente en el campo, y otra quinta parte se aplica tras algún tratamiento: más del 90 % acaba, de una forma u otra, en tierra agrícola. En Europa, en suma, el digestato se trata sobre todo como un residuo agrícola del que librarse, y rara vez como el fertilizante de valor que podría ser. Un modelo que aguanta mientras quede tierra donde echarlo.
De la etiqueta al balance
Cambia la etiqueta y cambias el negocio. Si el digestato es residuo, su aplicación al campo es una operación de valorización acotada por los límites de cada comunidad autónoma y por la aritmética implacable de la tierra disponible. Si es fertilizante, juega en otra liga: certificado, registrado y vendido con marca. Entre una cosa y otra va la distancia que separa un pasivo de un activo.
José María Soria Domínguez, director de la división de agua, medio ambiente y residuos de Fluidmecánica Sur, fue tajante sobre lo que cuesta equivocarse. Las normas cambian de una comunidad autónoma a otra, dijo, «y algunas veces incluso salen normativas que tienen carácter retroactivo», de modo que un proyecto ya lanzado deja de ser viable de la noche a la mañana. Su veredicto: «En muchas ocasiones, el proyecto ya muere antes de nacer». Recordó que en los últimos foros del sector a los que había asistido se hablaba de más de ochenta plantas, con los permisos ya concedidos, que iban a construirse en menos de año y medio. Pasado ese año y medio, cree, no se ha construido ni una.
El árbitro, ahora, es el banco. «La banca está mirando con mucho detalle cuál es la solución de ese digerido», advirtió Buenaventura Gómez, director de transición energética de ID Energy Group, compañía con 110 proyectos en cartera en España. Su lección central fue un aviso contra las cuentas de la lechera: el digestato no puede quedar para el final. «Tienes que pensarlo desde la concepción del proyecto. Si no, lo más seguro es que el proyecto no salga adelante».
Empieza el deshielo
Y aquí asoma la oportunidad, porque la etiqueta empieza a moverse, y en la buena dirección: del residuo hacia el recurso.
El primer deshielo ya es una directiva adoptada. El 9 de febrero de 2026 la Comisión Europea adoptó la Directiva (UE) 2026/288, que modifica la Directiva de Nitratos para dar cabida a los fertilizantes RENURE, el nitrógeno recuperado del estiércol procesado. En los Estados miembros que se acojan, permitirá aplicar hasta 80 kg de nitrógeno por hectárea al año por encima del techo tradicional del estiércol, precisamente para que los nutrientes recuperados sustituyan al fertilizante mineral. Falta transponerla, con 2028 como horizonte, así que todavía no ha llegado al campo; pero es la puerta que Chacón veía venir.
El segundo se cuece en casa: un proyecto de real decreto de productos fertilizantes, difundido en 2026, sustituiría un régimen español con más de una década a cuestas y por fin lo alinearía con las normas europeas. Podría permitir que más digestato alcance el fin de la condición de residuo sin tener que pelear cada expediente uno a uno.
El tercero es el rumbo. El Plan de Acción de Fertilizantes de la Comisión plantea simplificar la gestión de subproductos e incluso excluir ciertos materiales de la directiva de residuos, mientras que un paquete de febrero de 2026 busca reducir la dependencia europea de los fertilizantes importados. Bruselas no esconde hacia dónde va: quiere que los nutrientes recuperados de sus propios residuos orgánicos sustituyan a los sacos que llegan de fuera, y el digestato es, por volumen, el candidato natural.
El digestato, en primer plano
Nada de esto convierte el digestato en oro por arte de magia. Gómez admitió que ni siquiera quien intenta certificar como fertilizante «todo, todo» el digerido lo logra con el flujo completo: siempre convivirán una fracción fertilizante y otra residual. «No hay una solución óptima: el digerido se resuelve caso a caso».
Pero reclasificarlo es posible, y basta con mirar el mapa. Al otro lado de la frontera, en Portugal, contó Gómez, el digestato de una planta que gestiona residuos animales y biomasa vegetal «es directamente fertilizante; no hay por qué pasar ningún tratamiento específico». La misma península y el mismo sustrato dan dos identidades legales opuestas. Y si el problema es el marco, el marco se puede cambiar.
Para el promotor, la jugada es adelantarse al deshielo desde el primer día: elegir la salida del digestato antes de mover la primera palada de tierra, meter la certificación como fertilizante y los acuerdos con los agricultores en el proyecto desde el principio, en vez de añadirlos después como un parche, y presentar a los financiadores una salida creíble y bien presupuestada. La partida del biometano español se juega menos en el digestor que en la letra pequeña. Y quien antes le ponga los papeles en regla al digestato convertirá lo que sobra en lo que sostiene el proyecto.
Lorenzo Chacón (ATA Renewables), José María Soria Domínguez (Fluidmecánica Sur) y Buenaventura Gómez (ID Energy Group) participaron en el webinar de RENMAD Biometano «Digestato: claves regulatorias y tecnológicas para su gestión», moderado por Jesús Rodríguez (ATA Insights).
Has llegado a este análisis porque ATA Insights pone inteligencia independiente sobre la transición energética delante de más de 86.000 profesionales del sector. Eso es exactamente lo que hacemos para proyectos financiados, eventos y empresas: convertir tu trabajo en alcance.
Mira cómo difundimos trabajos como este →De dónde sale este análisis
Este artículo parte del webinar de ATA Insights / RENMAD Digestato: claves regulatorias y tecnológicas para su gestión. Puedes ver la sesión completa bajo demanda.
La transición energética, en tu correo
Únete a más de 86.000 profesionales que leen nuestros briefings independientes en cinco sectores.
